Nuestros caminos se cruzan dos días después de una intensa sesión de sanación con Gaia Shinnaia, centrada en la relación madre-hija.
Somos almas vestidas de pelaje.
Nos encontramos en un estado lamentable.
Sientes que este encuentro con nosotras es una señal de la vida. Nuestra aparición no encaja realmente en tu vida ni en tu pequeña cabaña; jamás habrías incorporado más perros a tu vida, y mucho menos un cachorro.
Poco después de nuestro encuentro, yo —una cachorra— sufro un colapso y debo ser trasladada urgentemente a una clínica. Durante días, oscilo entre dimensiones. La prueba que debo superar se llama parvovirus. Necesito un nombre y una fecha de nacimiento: Kyra. El nombre que eliges para mí significa «la soberana que lleva en sí la luz del sol»; nací el 7 de julio de 2026.
Cuando tu amiga activa el equipo de biorresonancia, en mi campo energético solo aparecen temas humanos, como la ira, la tristeza y los traumas. ¡Ni un solo asunto propio de mi mundo canino! Esa es tu mayor sorpresa. He llegado a tu vida para estar a tu lado.
Estás al límite de tus fuerzas. El insomnio por la preocupación de si sobreviviré y los recuerdos recurrentes de situaciones similares vividas con tus «Budas Naturales» te están consumiendo. Durante esa semana, mi vida pende de un hilo.
Traes tu arpa para visitarme, tocas para mí y para mis compañeros de sufrimiento, y sientes que ya has hecho todo lo posible por mí, incluso evitando pruebas adicionales innecesarias.
Se me permite cruzar el puente del arcoíris; tú has logrado soltarme interiormente.
Por la mañana, la veterinaria dice que mi estado es muy crítico. Por la tarde, cuando vienes a visitarme, ya me encuentro mejor. Ahora pueden administrarme un medicamento para los glóbulos blancos; es muy difícil de conseguir, pero una persona maravillosa, dedicada al rescate de perros, logra encontrarlo.
Gracias a habernos conocido, has trabado amistad con nuevas personas que nos apoyan e incluso recaudan fondos para mí.
Al mismo tiempo, mi mamá Ayra juega alegremente con Filou von Orion, su nuevo amigo. De la noche a la mañana, él ha ganado una familia entera con la que debe compartirte a ti y su hogar. Como siempre ocurre en la vida humana, la alegría y el sufrimiento van de la mano. Ver la felicidad de ambos es algo maravilloso para ti, y observas cómo Filou deja de obsesionarse contigo; una bendición inesperada. Incluso la diosa de los gatos, Colocolo, se alegra de la nueva dinámica del grupo.
Tras ocho días recibo el alta y puedo volver con mi mamá. Ella solo me olfatea un instante y se aleja, pues huelo a todo menos a su cachorro. Ese rechazo que percibes y su aparente indiferencia te recuerdan el motivo de nuestro encuentro: nuestra presencia es un bálsamo de gran energía para ti.
Los cuidados en plena noche, la alimentación y la atención constante te llenan de humildad. Esa entrega infinita y sin límites hacia un ser indefenso supone un desafío que te lleva al límite de tus fuerzas. De repente, empiezas a comprender, aunque sea en parte, lo que significa ser madre.
Como en una secuencia a cámara rápida, recuerdas a tu gata Shari, gravemente enferma; el largo sufrimiento de Ava; la muerte de tus amados «Budas Naturales» y el dolor infinito de la despedida. Años de preocupaciones y cuidados constantes para tus caballos, tu gata y tu perra. Después de que todos pasaran a la siguiente dimensión, juraste no volver a vivir aquello nunca más.
Sin embargo, resulta asombroso cómo, un año después, Filou se coló en tu vida, la gata Colocolo llegó a ti desde lo más profundo de la naturaleza salvaje y, tras la sesión de sanación con Gaia, ambas peludas terminamos a tu lado.
Sientes una profunda gratitud al ver a Filou y a Ayra —significa la Noble— corretear y jugar juntas con alegría; Filou ha encontrado una compañera de juegos. La dinámica familiar con nosotras, cuatro peludas, implica más responsabilidad: algo que una parte de ti rechazaba rotundamente. Pero, al mismo tiempo, te aportamos nueva energía y más alegría de vivir. Y, sinceramente, en tu vida se había instalado cierto estancamiento que se disolvió en un abrir y cerrar de ojos.
De repente, se te revela otro plano. De algún modo, sabes que tu familia del alma está ahora unida a nosotras dos: mamá Ayra actúa como canal cósmico para el enraizamiento, y yo, Kyra, como frecuencia de sanación para tu vínculo materno y tus ancestras.
Y, casi al final de esta historia, un leve brote de herpes zóster te revela la verdadera razón de tu desesperación mientras yo oscilo entre la vida y la muerte. Viajas al pasado junto con el virus y pides a tu alma que te envíe imágenes. Así sale a la luz aquel terrible episodio con tu hermana pequeña, quien por aquel entonces sufría anorexia y tendencias suicidas. Ahora comprendes por qué reaccionaste sintiéndote tan desbordada y por qué tenías la constante sensación de no haber hecho lo suficiente por otro ser, tener que cargar con una responsabilidad que no era tuya.
Gracias a la experiencia vivida a través de mi sufrimiento, pudiste deshacer un nudo energético fundamental.
Por eso: amadnos a nosotros, los «narizes peludas»; somos mucho más de lo que muchos imaginan.
